Este santo fue obispo de Toulouse y es muy popular en ambos lados de los Pirineos. Se cuenta que él fue el encargado de evangelizar las tierras paganas de Navarra, y se dice que llegó a bautizar a cincuenta mil personas, entre ellas al popular San Fermín. Pero lo más curioso de su historia es que San Saturnino, patrón de Pamplona, murió a causa de un toro. Este santo murió cuando los sacerdotes paganos lo acusaron de ser culpable del silencio de sus dioses y como castigo lo ataron al cuello de un toro al que azuzaron para que corriera.
Durante las fiestas de San Saturnino, las calles pamplonesas son el escenario de mucha fiesta: gigantes, cabezudos, txistularis, dantzaris y timbaleros tomarán la ciudad para hacerte pasar unos días inolvidables, aunque también hay la tradicional procesión y una misa solemne.
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